La música ya no será igual porque llegan las etiquetas para descubrir qué canciones están hechas con IA

¿La canta un artista o una inteligencia artificial? La industria musical prepara etiquetas para identificar las canciones creadas con IA.

Puedes escuchar una canción, emocionarte con su voz, añadirla a tu lista de reproducción y compartirla sin saber que quizá no existe ningún cantante detrás de ella. La voz puede ser sintética, la melodía puede haber nacido de una instrucción escrita y los instrumentos pueden haber sido generados por una máquina en cuestión de segundos. La inteligencia artificial ya no amenaza con llegar a la música: está dentro de las plataformas y cada día incorpora decenas de miles de nuevas grabaciones.

La industria musical internacional quiere que los oyentes puedan distinguir entre una canción creada principalmente por personas y otra producida casi por completo mediante inteligencia artificial. Para ello, algunas de las organizaciones más importantes del sector han presentado dos nuevas etiquetas: «Generada por IA» y «Asistida por IA». La diferencia parece sencilla, pero abre preguntas enormes sobre autoría, derechos, fraude, transparencia y el futuro de los artistas.

¿Servirán estas etiquetas para proteger la creatividad humana o serán únicamente un pequeño icono que nadie comprobará? ¿Quién decidirá cuánto uso de inteligencia artificial es suficiente para marcar una canción? ¿Podrá una discográfica ocultar que una voz es sintética? Desde Espectáculos Vértigo analizamos una iniciativa que puede cambiar la manera en la que se producen, distribuyen y consumen las canciones.

La industria musical presenta un etiquetado común para la música creada con IA

El 10 de julio de 2026, una amplia coalición internacional presentó un sistema voluntario de etiquetado destinado a identificar el uso de inteligencia artificial generativa en las grabaciones sonoras.

La propuesta cuenta con el respaldo de organizaciones como:

  • IFPI.
  • RIAA.
  • A2IM.
  • WIN.
  • IMPALA.
  • The Recording Academy, responsable de los premios Grammy.
  • SAG-AFTRA.
  • Human Artistry Campaign.

Estas entidades representan a compañías discográficas, sellos independientes, artistas, intérpretes, productores y otros profesionales de la industria musical.

Su objetivo es establecer un modelo común que pueda ser utilizado por servicios de música digital, plataformas de streaming, sellos discográficos, distribuidores y agregadores.

El sistema distinguirá entre grabaciones generadas por inteligencia artificial y grabaciones asistidas por inteligencia artificial. Cada categoría contará con un icono visual y con información incorporada a los metadatos de la canción.

No se trata, al menos por ahora, de una ley ni de una obligación impuesta por una administración pública. Es una iniciativa voluntaria impulsada por la propia industria, con la aspiración de convertirse en un estándar internacional.

Cuando la máquina crea la parte principal de la canción

La etiqueta «Generada por IA», identificada internacionalmente como AI-Generated, se aplicará cuando la inteligencia artificial generativa haya creado la totalidad o la parte principal de los elementos creativos de la grabación.

Entre los ejemplos incluidos por las organizaciones promotoras se encuentran:

  • Una interpretación vocal principal generada mediante IA.
  • Una interpretación instrumental esencial generada mediante IA.
  • Una canción creada completamente a partir de una instrucción o prompt.
  • Una grabación en la que la máquina produzca la mayor parte del resultado artístico.

Imaginemos que una persona escribe: “Crea una canción pop alegre, con voz femenina, estribillo pegadizo, guitarras y una duración de tres minutos”.

Si el sistema genera la letra, la melodía, la voz, los instrumentos y la grabación final, la canción debería recibir la etiqueta «Generada por IA».

También podría entrar en esta categoría una grabación cuya base musical haya sido creada por personas, pero en la que la voz principal sea completamente sintética. La coalición considera que la interpretación vocal principal es uno de los elementos creativos esenciales de una grabación.

La etiqueta no pretende valorar si la canción es buena o mala. Su función es informar sobre el origen del contenido que escucha el usuario.

La persona sigue siendo el centro de la obra

La segunda categoría será «Asistida por IA», o AI-Assisted.

Se utilizará cuando la grabación haya sido creada principalmente por personas y represente creatividad humana, aunque se haya empleado inteligencia artificial generativa para producir determinados elementos expresivos.

En este caso, la interpretación vocal principal y los instrumentos fundamentales serían humanos, pero la inteligencia artificial podría haberse utilizado como herramienta de apoyo.

Por ejemplo, una canción podría recibir esta etiqueta cuando:

  • El cantante y los músicos sean humanos, pero se haya generado mediante IA un acompañamiento secundario.
  • Se haya utilizado IA para crear determinados coros o texturas sonoras.
  • Un productor haya incorporado algún fragmento expresivo generado artificialmente.
  • La grabación sea esencialmente humana, pero incluya elementos musicales creados mediante una herramienta generativa.

La diferencia fundamental está en quién ocupa el centro creativo de la grabación.

En la categoría «Generada por IA», la máquina crea la totalidad o la parte principal de los elementos artísticos.

En la categoría «Asistida por IA», la creación continúa siendo sustancialmente humana, aunque la inteligencia artificial participe en una parte del proceso.

No todo programa informático convierte una canción en música generada por IA

Uno de los primeros problemas será distinguir entre inteligencia artificial generativa y las herramientas digitales que los productores llevan utilizando durante años.

La producción musical moderna se apoya habitualmente en programas para:

  • Afinar voces.
  • Corregir ruidos.
  • Comprimir el sonido.
  • Ecualizar instrumentos.
  • Separar pistas.
  • Ajustar tempos.
  • Editar grabaciones.
  • Realizar mezclas y procesos de masterización.

El mero uso de software no convierte automáticamente una canción en una obra generada por inteligencia artificial.

De acuerdo con las definiciones presentadas, el etiquetado se dirige al uso de IA generativa en elementos creativos o expresivos de la grabación. Por tanto, una herramienta que se limite a limpiar un ruido o mejorar técnicamente una señal no debería tener necesariamente el mismo tratamiento que un sistema que inventa una voz, una melodía o una interpretación instrumental.

Sin embargo, la frontera no siempre será evidente.

Una herramienta puede comenzar corrigiendo una voz y terminar generando notas, frases o fragmentos que nunca fueron interpretados por el cantante. En ese momento ya no estaríamos únicamente ante una corrección técnica, sino ante la creación de nuevo contenido expresivo.

Por qué se necesita este etiquetado precisamente ahora

La iniciativa aparece en un momento en el que las plataformas están recibiendo una cantidad extraordinaria de música creada automáticamente.

En abril de 2026, Deezer informó de que recibía cerca de 75.000 canciones generadas por IA cada día, equivalentes aproximadamente al 44 % de todas las entregas diarias de nueva música.

La evolución ha sido todavía más rápida. El 21 de julio de 2026, Deezer comunicó que las canciones detectadas como generadas por inteligencia artificial habían superado, durante un pico registrado en junio, el 50 % de todas las nuevas entregas diarias. La plataforma situó la media mensual en aproximadamente 90.000 canciones generadas por IA al día.

Esto no significa que la mitad de la música escuchada por los usuarios sea artificial.

Según Deezer, las canciones generadas completamente mediante IA representan solamente entre el 1 % y el 3 % de las reproducciones totales. Existe, por tanto, una enorme diferencia entre la cantidad de contenido que se sube y el interés real que despierta entre el público.

Apple Music también se enfrenta a una situación similar. Su vicepresidente, Oliver Schusser, afirmó en una entrevista publicada en abril de 2026 que más de un tercio de las canciones que recibía la plataforma podía considerarse “100 % IA”, mientras que su consumo permanecía por debajo del 0,5 % del total.

La inteligencia artificial ha reducido extraordinariamente el coste y el tiempo necesarios para producir música. Una persona puede generar decenas o cientos de canciones en un solo día, algo imposible para un compositor, un cantante y una banda trabajando de manera tradicional.

El verdadero problema puede no ser la IA, sino la producción masiva

La creación de música mediante inteligencia artificial no tiene por qué ser necesariamente fraudulenta.

Un artista puede utilizarla para experimentar, encontrar nuevas texturas o desarrollar ideas que después transforma mediante su propio trabajo.

El problema aparece cuando se utiliza para producir enormes cantidades de contenido de forma automática, subirlo a las plataformas y tratar de obtener ingresos mediante reproducciones artificiales.

Deezer asegura que hasta el 85 % de las reproducciones asociadas a canciones completamente generadas por IA que detectó durante 2025 tenían características fraudulentas. Como consecuencia, esas reproducciones fueron desmonetizadas y excluidas del reparto de derechos.

El funcionamiento puede resultar aparentemente sencillo:

  1. Se generan miles de canciones mediante herramientas automáticas.
  2. Se distribuyen en las plataformas con distintos nombres de artistas.
  3. Se crean redes de cuentas o dispositivos que reproducen esos contenidos.
  4. Las reproducciones artificiales intentan obtener una parte del fondo destinado al pago de derechos.

Aunque cada canción consiga una cantidad mínima, la suma de miles de grabaciones y millones de reproducciones puede desviar dinero que, de otro modo, se repartiría entre artistas y titulares legítimos.

Por eso, el etiquetado no solamente tiene una función informativa. También puede ayudar a las plataformas a detectar comportamientos anómalos, aplicar políticas específicas y evitar la dilución fraudulenta de las remuneraciones.

Los metadatos serán tan importantes como el icono visible

La propuesta no consiste únicamente en colocar un pequeño símbolo junto al título de una canción.

La información sobre el uso de inteligencia artificial deberá incorporarse a los metadatos de la grabación.

Los metadatos son los datos que acompañan a una canción durante todo su recorrido digital. Pueden incluir:

  • Título.
  • Nombre del artista.
  • Sello discográfico.
  • Código ISRC.
  • Autores.
  • Productores.
  • Género.
  • Fecha de publicación.
  • Información sobre derechos.
  • Contenido explícito.
  • Uso de inteligencia artificial.

Cuando un sello o un artista entrega una grabación a un distribuidor, este transmite los archivos y metadatos a plataformas como Spotify, Apple Music, Deezer, Amazon Music o YouTube Music.

Para que el sistema funcione correctamente, la información deberá viajar desde el productor inicial hasta el usuario final sin perderse ni modificarse.

La coalición trabajará con plataformas digitales, distribuidores, agregadores y organismos de normalización para intentar implantar el sistema de manera coordinada. Las etiquetas estarán disponibles próximamente, aunque en el anuncio inicial no se fijó una fecha única para su aparición en todos los servicios.

Quién tendrá que declarar que una canción utiliza inteligencia artificial

Esta es una de las preguntas más importantes.

El modelo se plantea inicialmente como un sistema voluntario. Por tanto, dependerá en gran medida de la información facilitada por:

  • El artista.
  • El productor.
  • El sello discográfico.
  • El titular de la grabación.
  • El distribuidor.
  • El agregador digital.

Cuando una grabación sea completamente generada por IA, su responsable deberá declararlo al distribuirla.

Pero este sistema presenta una dificultad evidente: quien pretende ocultar el origen artificial de una canción podría decidir no marcarla.

Por eso, el etiquetado voluntario será más eficaz si se combina con herramientas automáticas de detección, auditorías, políticas contractuales y posibles sanciones por declaraciones falsas.

Deezer ya utiliza tecnología propia para detectar grabaciones completamente sintéticas y las excluye de sus recomendaciones algorítmicas y listas editoriales. Apple Music también ha desarrollado sistemas internos para analizar el contenido recibido y detectar el posible uso de modelos generativos.

El futuro probablemente combinará dos vías: la declaración del proveedor y la verificación tecnológica de la plataforma.

Una canción puede ser humana y artificial al mismo tiempo

La clasificación en dos categorías resulta fácil de comprender, pero la realidad creativa puede ser mucho más compleja.

Pensemos en una canción con:

  • Letra escrita por una persona.
  • Melodía compuesta por una persona.
  • Voz principal humana.
  • Batería generada mediante IA.
  • Coros sintéticos.
  • Mezcla realizada por un productor.
  • Portada creada con inteligencia artificial.

La grabación podría considerarse asistida por IA, ya que la voz y los elementos principales continúan siendo humanos.

Pero ¿qué sucedería si la batería generada se convierte en el elemento más reconocible del tema? ¿Y si los coros sintéticos ocupan la mayor parte del estribillo? ¿Dónde termina la asistencia y comienza la generación?

La iniciativa utiliza expresiones como “parte principal” y “elementos expresivos”, pero esas expresiones necesitarán criterios interpretativos más concretos.

Dos productores podrían utilizar exactamente las mismas herramientas y llegar a conclusiones distintas sobre la etiqueta aplicable.

El etiquetado no resuelve por sí solo los derechos de autor

Una canción puede estar correctamente etiquetada como «Generada por IA» y seguir planteando problemas jurídicos.

El icono informa sobre el uso de inteligencia artificial, pero no responde automáticamente a preguntas como:

  • ¿Con qué obras se entrenó el modelo?
  • ¿Tenía autorización para utilizar esas grabaciones?
  • ¿La voz sintética imita a un cantante real?
  • ¿La melodía reproduce una obra protegida?
  • ¿Quién puede registrar la canción?
  • ¿Quién recibe los derechos?
  • ¿Existe una aportación humana suficiente para reconocer autoría?
  • ¿Se ha obtenido consentimiento para utilizar la identidad del artista?

El etiquetado tampoco legaliza una grabación que vulnere derechos.

Una canción que clone sin permiso la voz de un cantante deberá identificarse como generada por IA, pero esa declaración no elimina una posible infracción de sus derechos de imagen, identidad, propiedad intelectual o competencia.

La transparencia es una parte del problema, no su solución completa.

Qué sucede con las voces clonadas de artistas famosos

La capacidad de imitar voces reales es uno de los aspectos más sensibles de la inteligencia artificial musical.

Actualmente pueden generarse interpretaciones que recuerdan de forma extraordinaria a cantantes vivos o fallecidos. El usuario puede escuchar una supuesta canción nueva de un artista que nunca la grabó ni autorizó.

La etiqueta «Generada por IA» advertiría de que la voz principal es artificial, pero podría no ser suficiente.

El oyente también necesitaría saber si:

  • La voz representa a una persona real.
  • El artista autorizó la imitación.
  • La grabación es una parodia.
  • Se trata de un homenaje.
  • Existe una licencia.
  • La publicación pretende engañar al público.

Organizaciones como Human Artistry Campaign y The Recording Academy también respaldan iniciativas legislativas para proteger la voz, la imagen y la identidad frente a las réplicas digitales no autorizadas.

En el futuro podría ser necesario combinar la etiqueta sobre el uso de IA con otra información específica sobre el consentimiento del artista imitado.

Afectará el etiquetado a las recomendaciones y listas de reproducción

El sistema común anunciado no obliga a las plataformas a penalizar las canciones generadas por IA.

Su finalidad inicial es ofrecer transparencia.

Sin embargo, una vez que la información aparezca correctamente incorporada a los metadatos, cada servicio podrá establecer sus propias políticas.

Una plataforma podría:

  • Permitir que el usuario oculte canciones generadas por IA.
  • Crear listas específicas de música sintética.
  • Excluirlas de determinadas recomendaciones.
  • Limitar su entrada en listas editoriales.
  • Aplicar controles adicionales de fraude.
  • Diferenciar su tratamiento económico.
  • Impedir su participación en determinadas clasificaciones.

Deezer ya excluye las canciones completamente generadas por IA de sus recomendaciones algorítmicas y listas editoriales. La compañía considera que esta medida ayuda a proteger la visibilidad de los artistas y a reducir la posible dilución de las remuneraciones.

El etiquetado puede terminar teniendo consecuencias mucho mayores que la mera aparición de un icono.

Podrán competir las canciones de IA en las mismas listas que los artistas

La llegada masiva de contenido generado artificialmente plantea una cuestión difícil: ¿debe una canción producida en segundos competir en igualdad de condiciones con una grabación creada durante meses por compositores, músicos, cantantes, técnicos y productores?

No existe todavía una respuesta común.

Algunas posibilidades serían:

  • Mantener una única clasificación para toda la música.
  • Crear listas separadas.
  • Excluir las canciones completamente generadas por IA de ciertos rankings.
  • Permitirlas únicamente cuando exista una aportación humana identificable.
  • Diferenciar entre éxito orgánico y reproducciones generadas artificialmente.

En una encuesta internacional encargada por Deezer y realizada por Ipsos a 9.000 personas, el 80 % de los participantes manifestó que la música completamente generada por IA debería identificarse claramente. Además, el 52 % consideró que estas canciones no deberían participar en las principales listas junto a la música creada por personas.

Esto muestra que el público no solo quiere conocer el origen de la música. Una parte importante también desea que esa información tenga efectos sobre la forma en que se organiza y recomienda el catálogo.

Lo que las etiquetas todavía no incluirán

En su primera fase, las dos nuevas etiquetas se aplicarán exclusivamente a las grabaciones sonoras.

El sistema no informará todavía sobre el uso de inteligencia artificial generativa en:

  • Las letras.
  • La composición musical como obra independiente.
  • Los videoclips.
  • Las portadas.
  • El material gráfico.
  • Otros elementos promocionales.

Esta limitación puede provocar situaciones curiosas.

Una canción interpretada y grabada completamente por personas podría no llevar ninguna etiqueta, aunque su letra hubiera sido creada íntegramente por una inteligencia artificial.

Del mismo modo, un videoclip generado completamente mediante IA no quedaría cubierto por estas dos etiquetas si la grabación sonora fuera humana.

Las organizaciones promotoras han diseñado el modelo para que pueda evolucionar conforme avancen la tecnología, las prácticas de la industria y las futuras regulaciones.

Apple Music ya había comenzado a desarrollar sus propias etiquetas

Antes de anunciarse este sistema común, Apple Music había presentado sus denominadas Transparency Tags.

Ese modelo permite facilitar información sobre el uso de inteligencia artificial en diferentes apartados:

  • Grabación.
  • Composición.
  • Portada.
  • Videoclip.

La propuesta de Apple es más amplia en cuanto a los elementos identificados, mientras que el nuevo sistema promovido por IFPI, RIAA y el resto de las entidades se concentra inicialmente en la grabación sonora y distingue entre generación y asistencia.

La convivencia de distintos sistemas demuestra precisamente la necesidad de llegar a un estándar común.

Si cada plataforma utiliza nombres, iconos y definiciones diferentes, un mismo tema podría aparecer como “IA”, “contenido sintético”, “grabación asistida” o “música generada”, creando confusión entre usuarios y distribuidores.

Qué deberán hacer los artistas que utilicen inteligencia artificial

Los artistas y productores que incorporen herramientas generativas deberán comenzar a documentar mejor su proceso creativo.

No bastará con recordar vagamente qué programa se utilizó.

Será conveniente registrar:

  • La herramienta utilizada.
  • La versión del modelo.
  • Los elementos que fueron generados.
  • Los elementos creados por personas.
  • Las instrucciones o prompts relevantes.
  • Las modificaciones realizadas posteriormente.
  • Las licencias de uso.
  • Las condiciones comerciales de la plataforma.
  • Las autorizaciones de las personas cuya voz o imagen aparezca.
  • La procedencia de las muestras y grabaciones incorporadas.

Esta documentación puede ser necesaria para seleccionar la etiqueta adecuada, responder ante el distribuidor y defender la legitimidad de la grabación en caso de controversia.

También será recomendable que los contratos entre artistas, productores y sellos indiquen expresamente quién puede utilizar IA y bajo qué condiciones.

Los contratos musicales tendrán que adaptarse

La inteligencia artificial introduce riesgos que muchos contratos tradicionales no contemplan.

Un contrato de producción musical debería aclarar cuestiones como:

  • Si está permitido generar voces artificiales.
  • Si puede utilizarse la voz del artista para entrenar modelos.
  • Si el productor puede crear versiones sintéticas.
  • Quién debe declarar el uso de IA al distribuidor.
  • Quién responde si la etiqueta es incorrecta.
  • Quién conserva los archivos y los prompts.
  • Si puede utilizarse IA para crear canciones futuras imitando al artista.
  • Qué sucede cuando termina la relación contractual.
  • Si la autorización incluye publicidad, conciertos virtuales o nuevos formatos.

La ausencia de cláusulas claras puede generar conflictos años después.

Una voz grabada hoy podría utilizarse para crear cientos de interpretaciones futuras sin que el cantante vuelva a entrar en un estudio.

Qué cambia para sellos, editoriales y distribuidores

Los sellos discográficos y agregadores ocuparán una posición fundamental.

Son quienes reciben la información del artista y la transmiten a las plataformas. Tendrán que decidir cómo recopilarla, verificarla y conservarla.

Es probable que los formularios de distribución incorporen preguntas como:

  • ¿Se utilizó inteligencia artificial generativa?
  • ¿Qué parte de la grabación fue generada?
  • ¿La voz principal es humana?
  • ¿Los instrumentos principales son humanos?
  • ¿Existe autorización para cualquier voz o identidad reproducida?
  • ¿La grabación debe marcarse como generada o asistida?

Las editoriales musicales también deberán prestar atención, aunque la primera fase del etiquetado no cubra las composiciones y las letras.

Una grabación y una composición son realidades distintas. Puede existir una composición humana interpretada por una voz artificial o una letra generada por IA grabada por músicos humanos.

Desde Espectáculos Vértigo, que además de su actividad como agencia y productora se encuentra dada de alta como editorial musical y participa en la gestión de derechos de autores, consideramos que esta distinción será esencial para evitar confundir los derechos sobre la obra musical con los derechos sobre la grabación.

La visión de Espectáculos Vértigo: la transparencia también protege al profesional

La inteligencia artificial no tiene por qué considerarse una enemiga de la música.

Puede servir para desarrollar ideas, crear maquetas, experimentar con arreglos, limpiar grabaciones o facilitar herramientas a artistas que no disponen de una gran infraestructura.

El problema aparece cuando el oyente no sabe qué está escuchando, cuando se imita a una persona sin permiso o cuando miles de canciones automáticas se utilizan para desplazar fraudulentamente las remuneraciones.

Desde Espectáculos Vértigo defendemos que la innovación debe ir acompañada de transparencia.

Un artista que utilice responsablemente la IA no debería tener miedo a declararlo. La etiqueta «Asistida por IA» puede incluso mostrar que existe una creación humana que se apoya en nuevas herramientas sin renunciar a la interpretación y al talento personal.

Al mismo tiempo, quien genere una canción completamente mediante una máquina debería comunicarlo con claridad para que sea el público quien decida qué desea escuchar.

Estará obligado el oyente a elegir entre humanos y máquinas

El etiquetado no pretende imponer una preferencia.

Habrá usuarios que rechacen la música generada artificialmente y otros que sientan curiosidad por ella.

También existirán personas a las que solo les importe el resultado final.

Lo importante es que la decisión pueda tomarse con información.

Actualmente, una canción artificial puede presentarse con un nombre de artista, una fotografía ficticia y una biografía inventada sin que el usuario perciba ninguna diferencia respecto de un proyecto humano.

El nuevo sistema aspira a que esa frontera sea visible.

No se trata de decirle al oyente qué música debe gustarle. Se trata de permitirle saber quién —o qué— está detrás de lo que escucha.

Será suficiente un sistema voluntario

Esta es la principal debilidad de la iniciativa.

Las empresas y artistas responsables probablemente facilitarán la información correctamente. Sin embargo, quienes utilicen la IA para engañar, imitar voces o realizar subidas masivas fraudulentas pueden ocultarla.

Para que el sistema sea eficaz necesitará:

  • Definiciones comunes.
  • Controles automáticos.
  • Responsabilidad contractual.
  • Mecanismos de reclamación.
  • Corrección de etiquetas.
  • Sanciones frente a declaraciones falsas.
  • Coordinación entre plataformas.
  • Normas legales que complementen la autorregulación.

También deberá evitarse el extremo contrario: identificar erróneamente como artificial una grabación humana.

Una clasificación incorrecta podría perjudicar la reputación del artista, excluirlo de recomendaciones o limitar sus ingresos.

Por tanto, será necesario establecer procedimientos para que los titulares puedan impugnar una etiqueta automática.

El principio de una transformación mucho mayor

El nuevo etiquetado no resolverá todos los conflictos provocados por la inteligencia artificial.

No decidirá quién es autor, no determinará qué modelos se entrenaron legalmente, no impedirá por sí solo la clonación de voces y tampoco eliminará el fraude de las plataformas.

Pero representa un primer paso importante: reconocer que el público tiene derecho a conocer el origen de la música que consume.

Hace pocos años, distinguir entre una grabación humana y otra sintética parecía una cuestión futurista. En 2026, más de la mitad de las nuevas canciones entregadas a una plataforma durante determinados periodos ya pueden estar generadas mediante IA.

La pregunta ya no es si la inteligencia artificial formará parte de la industria musical.

La verdadera pregunta es si sabremos cuándo estamos escuchando a una persona y cuándo estamos escuchando a una máquina.

Las etiquetas «Generada por IA» y «Asistida por IA» intentan ofrecer una respuesta.

Ahora queda la parte más difícil: conseguir que artistas, sellos, distribuidores y plataformas las utilicen correctamente y que la transparencia no sea solamente voluntaria para quienes ya estaban dispuestos a ser transparentes.

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